MAGDALENA ARRIA: “Disfruto orientar a quienes desean invertir en arte”

Se aproxima con una elegante sencillez que cautiva. La ansiedad espera mientras recorre el espacio de la Galería Graphicart. Hasta ese momento las interrogantes revolotean por la mente, pero aún no encuentran asidero ni un puente para fluir.

La presentación da inicio al rito, y permite ubicar y estar claros en los roles a desempeñar en este encuentro. Casi llevados por el ritmo que impone el lugar, comenzamos a intercambiar impresiones en medio de una escenografía pintada de movimiento.

Dos sillas que se acercan. Dos seres humanos que se posan sobre ellas, y una conversa que inicia desde la necesidad que tiene uno de los platicantes, el desconocido, de adentrarse en la experiencia vivida durante más de cuarenta años en una Galería que es referencia por creer en el talento joven. Una mujer a la cabeza que rebosante de fe, observa el futuro como posible, viable, transitable.

Camino recorrido

Magdalena Arria es una mujer que irradia sencillez. Su verbo te conecta con la experiencia del arte. Es la viva expresión de lo que representa creer en algo. Hace cuarenta y dos años inició su recorrido con una apuesta al futuro, expresada en un proyecto que sirvió, y aún lo hace, para promover a noveles artistas que se han convertido en triunfadores y maestros en un competitivo mundo.

Magdalena Arria Foto: Luis Becerra

La directora-fundadora de Graphicart, expresa como su pasión por el arte se remonta a su infancia. “De niña prefería ir a un museo que al cine. Ya de adulta, me dediqué a estudiar y a cultivar esa pasión”.

La semilla de ese espacio dedicado a promover el trabajo de los jóvenes artistas, se encuentra escondido en lo que fue su conexión más inmediata, su labor en el Taller del Maestro Carlos Cruz-Diez, lugar donde comenzó ese recorrido.

“Entré a este mundo de la mano del Maestro Cruz-Diez. Durante un tiempo nos separamos, él se fue a Europa, y nos reencontramos en los años ’70 cuando el retomó su taller en Bello Monte. Ahí comenzó una etapa de labor importante porque se inció con el trabajo en la calle, se hicieron los silos de La Guaira, los primeros pasos peatonales, hubo una acción urbana importante”, destaca.

Luego, tal como ella misma lo describe, decide lanzarse a la aventura de montar la galería y, “por supuesto, cuento con el apoyo del Maestro”.

“Por aquellos años, mediados de los ’70, asiste a la Feria de Basilea, y comienza su interés en las línea geométricas, el constructivismo… comienza trabajando con la Galería de Luis René, en París, que siempre ha sido una pionera del arte cinético, geométrico.

En realidad comenzamos vendiendo múltiples y gráficas porque en ese tiempo la gente joven no tenía acceso a comprarse una obra más costosa.” Las grandes colecciones comienzan con una serigrafía o un múltiple.

Y se ha demostrado que quienes compran una serigrafía, cuando tienen la posibilidad adquieren una obra original. Y Graphicart se inició con ese fin: que la gente joven pudiera tener acceso a una buena obra”.

La visionaria explica como con los años el mercado ha cambiado.

El público solicita el original, y eso los llevó a cambiar.

“Sin embargo, continuamos vendiendo gráficas y múltiples, porque fue el origen”.

Placer por el movimiento

Graphicart se ha mantenido firme en la propuesta, el cinetismo, el abstraccionismo geométrico, a pesar de las tendencias y las modas. “No ha sido fácil, porque efectivamente hay modas y momentos. No obstante creo que me ‘contaminé’ al trabajar con el Maestro Cruz-Diez. Estar en contacto con toda esa corriente, con los inicios del cinetismo; poder compartir en un mismo taller con artistas como Vigas, Soto, Narváez, Otero, hizo que me enamorara y de allí me apasioné por el arte geométrico”.

Arria, sin embargo, más allá de su pasión por esta propuesta, reconoce que se hace muy buen trabajo en otras corrientes y tendencias, “pero decidí que la Galería iba a ser de la geometría; sobre todo, porque Venezuela ha aportado mucho a esta propuesta, y al mundo. Tenemos íconos como Gego, Cruz-Diez, Otero, que hoy día son maestros universales; sin dejar de lado a gente joven y talentosa.

Esa ha sido la labor fundamental de la galería: Promover a los nuevos artistas. Hoy día, los que iniciaron su trabajo conmigo, hace treinta o cuarenta años, son triunfadores”, señala con orgullo.

Ojo para identificar el talento

Magdalena Arria, se ha convertido en una especie de caza-talentos. Su tránsito vital ligado al arte, le ha permitido desarrollar un instinto para identificar los prospectos en un mundo complejo y competitivo.

Comparte lo que ella considera son elementos claves para reconocer el talento con futuro. Refiere, en ese orden, lo importante que es la disciplina que muestra el artista, pero también la magia que se percibe cuando visitas el taller, su lugar de trabajo y su obra.

“Cuando aprecias la creatividad de la obra, el recorrido del artista, y observas que aunque pueda tener referencias de algún maestro, él tiene su propio lenguaje, eso es importante. Luego visitas el taller y ves cómo está organizado, cómo trabaja, valoras que ese artista tiene talento, hay futuro, sobre todo porque es consecuente con su labor. La constancia en el trabajo creativo y en la investigación, el saber que está dedicado seriamente y que no es un hobbie; cuando identificas la pasión por lo que está haciendo, eso marca una pauta. Y, afortunadamente, hasta ahora, no me he equivocado”.

Recuerda con nostalgia y orgullo a artistas que hace tres o cuatro décadas estuvieron con ella, a quienes Graphicart les dio su primera oportunidad, y hoy son reconocidos. “Cuando me traen sus catálogos o sus libros, y aparece allí que su primera exposición fue en Graphicart, en Parque Central, eso me llena de mucha satisfacción”.

La vida es una feria

Aunque en Venezuela los espacios de promoción del arte, como las ferias o salones, han disminuido en los últimos años, no ha ocurrido así en Latinoamérica. Sin embargo, la primera fue la de Caracas, y tal como refiere la Directora de Graphicart, “creo que eso dio pie a que los demás países se entusiasmaran pues venían galeristas de todas partes”.

Reseña como Venezuela representaba un gran mercado. “Los galeristas extranjeros, desde la primera FIA, en el año ’92, se quedaron sorprendidos del conocimiento acerca del arte internacional que tenía el venezolano, porque los demás países hasta ese momento eran muy localistas. Con Venezuela quedaban fascinados porque confluían artistas de diversas partes. Existían grandes colecciones de importancia internacional”.

Por aquellos años también, hubo mucha promoción del arte internacional, gracias al empuje que dieron instancias como el Museo de Bellas Artes, con Miguel Arroyo al frente.

“Nosotros empezamos en el año ’76, pero previamente, en los ‘60 hubo galerías que apoyaron mucho el arte, como Estudio Actual, de Clara Sujo, que trajo muy buenas obras; hubo enseñanza, educación al público… Venezuela fue un espacio muy pedagógico, era realmente Amor al Arte; antes la gente compraba obras más por amor que por inversión; sin embargo, este mercado, desde hace dos décadas cambió”.

Arria resalta que antes de ese periodo la gente compraba porque se conectaba con la obra y el artista, “y estoy segura que muchas de esas personas hicieron sus colecciones sin estar pensando que era inversión. En ese momento no existía ese factor en la colección, hoy en día sí, lo cual me parece muy bien tanto para el artista como para el coleccionista”, acota.

Refiere como ejemplo de las colecciones corporativas, la historia del Chase Manhattan Bank, que cuando cumplió cien años, hizo un balance de sus activos y se dieron cuenta que tenían más en obras de arte que en dinero, porque el fundador de ese banco fue un mecenas que en su momento compró a Diego Rivera o Frida Khalo; después se sumaron grandes empresas a hacer colecciones, eso dio pie a que los coleccionistas y las personas se entusiasmaran y pudieran hacer compras de grandes artistas, lo cual se apoyó también por las subastas. Todos esos elementos abrieron ese mercado de inversión en el arte.

Arte como inversión

La Directora de Graphicart, no sólo es una enamorada del arte, pasión que ha cultivado durante más de cuarenta años, cree que además es rentable invertir en él. Sin embargo, recomienda a quienes deseen hacerlo prestar atención a diversos aspectos que pueden garantizar dicha inversión.

“Hay que prestar atención a la trayectoria del artista, el aspecto curricular es lo más importante. Evaluar con detenimiento su constancia y la demanda del público. Cuando tiene una obra de calidad, tiene un trabajo que mostrar y trayectoria, eso es un aval”.

Señala la galerista que las ferias ayudan mucho, porque en ellas confluyen todos los relacionados, curadores, galeristas, y, por supuesto, artistas. “Por eso las ferias se han convertido en el centro del arte internacional”. En el pasado, Venezuela contaba con excelentes espacios de promoción del arte como la FIA o los salones Dior o Pirelli, por mencionar algunos, que constituían vitrinas para mostrar el trabajo de los noveles talentos; hoy esa actividad ha desaparecido; sin embargo, las galerías han asumido un rol protagónico.

“El hábito de venir a las galerías los domingos no se ha perdido, y eso es muy importante. Hay un público que no se ha perdido y eso es lo que nos da la fuerza a los galeristas para seguir adelante. De repente la venta no es lo que se esperaba como hace unos cinco o diez años atrás, pero es muy gratificante que el público venga, disfrute de la exposición, y dar a conocer al artista”.

Para esta creyente del arte, una evangelizadora del abstraccionismo geométrico, del cinetismo y, sobre todo, del talento joven que sueña y está creando, el futuro se abre majestuoso. Por ello, no duda en dejar abierta una invitación: “Para quienes deseen invertir, hay que hacerlo en la gente joven. Lo mejor para iniciar una colección cuando se es joven, es una buena asesoría. Siempre estoy abierta a asesorar. No tengo problemas en orientar. Disfruto guiar y cuidar las colecciones de los que confían en mí”. Y esa invitación sella con una sonrisa, un encuentro nada casual que invita a dejarse atrapar por el movimiento, que es la base de la propia vida.

Por Humberto Luque Mendoza