En qué invertir los Bolívares

Venezuela ha tenido durante 7 años consecutivos la inflación más alta del mundo. Incluso, desde el año 2017, padecemos de hiperinflación (algunos académicos consideran HI cuando la inflación presenta 3 dígitos, supera el 500% anual o supera el 50% intermensual).  El año pasado, según el Banco Central de Venezuela, el IPC fue de 130.060% y según la Asamblea Nacional y otros investigadores estuvo alrededor de 1.368.000%. Además, la caída del Producto Interno Bruto (valor monetario de los bienes y servicios generados / creación de riqueza de un país) en los últimos cinco años acumula una caída del 56%, lo cual es equiparable a la situación que presentan economías devastadas por las guerras o por catástrofes asociadas a fenómenos naturales.

Bajo esta triste e inexorable realidad, los afortunados que generan buena cantidad de bolívares, o los que tengan ahorros en esta moneda, deben encontrar urgentemente donde invertir dichos fondos, antes de que se conviertan en sal y agua; nadie en su sano juicio dejaría sus bolívares reposando en una cuenta bancaria con la inflación actual, por lo tanto, la única opción es invertir en activos, y dentro de la amplia gama de activos posibles  tenemos:  viviendas,  terrenos, moneda extranjera, joyas, piedras preciosas, vehículos, entre otros. Lamentablemente, acceder a  algunos  de  estos  activos  es complicado; por la escasez de algunos en el mercado, como el caso de los autos, o que  resultan  muy costosos  porque  su precio está establecido en dólares, o porque está indexado al dólar; es decir, es pagadero en bolívares a  la tasa  que  determina  el mercado. (Indexar: en economía “poner en relación las variaciones del valor de un bien con un índice de referencia”).

En la práctica casi todos los activos están indexados al dólar, lo que varía es el lapso en que van ajustando su valor al tipo de cambio de mercado, hay algunos activos que se indexan casi a diario y otros en los cuales el proceso es mucho más lento. Entre estos últimos se encuentran las obras de arte de artistas venezolanos (salvo un número muy reducido de artistas venezolanos  que se cotizan en US$, en Sotheby’s y Christie’s, o se exponen en galerías foráneas para coleccionistas ex­tranjeros o por galeristas locales, para un reducido mercado que paga en moneda dura), que se consiguen a precios razonables; es decir, que aún no se han indexado al dólar o lo hacen de manera  lenta y gradual debido, entre otras cosas, a las condiciones económicas actuales y a que no son bienes de primera  necesidad o bienes utilitarios.

Basta con visitar galerías en las principales ciudades del país, asistir a subastas locales, conversar con marchantes y coleccionistas y observar las ventas de piezas venezolanas por internet. Para apreciar que los precios han crecido en algunos casos por debajo de la inflación y de la devaluación de nuestra moneda. Esta situación de mercado favorece a los compradores; si analizamos los precios de los artistas a lo largo de los años se evidencia que, en términos  de dólares, estamos  pagando  una  pequeña fracción de lo que costaban sus obras hace algunos años;  en otras  palabras,  adquirir  ciertas obras  de  importantes  artistas  locales, equivale indirectamente a comprar dólares a precios atractivos, porque, a mediano plazo, va a alcanzar su precio histórico en divisas. Además de maestros consagrados, que se cotizan en bolívares, hay una pléyade de jóvenes artistas de gran talento a lo largo del país, de quienes es posible adquirir, a muy buenos precios, sus trabajos.

Hay artistas de todas las tendencias y no sólo la tradicional pintura, sino esculturas, obra gráfica, artes del fuego, instalaciones, entre otras expresiones. Realmente, vale la pena asesorarse con expertos en la materia. Y, obviamente, apartando el tema de inversión y rentabilidad, no debemos dejar de lado el valor estético de la pieza, el goce de la creación artística y la satisfacción visual y espiritual que nos puede trasmitir una obra. Podemos concluir afirmando, que este es un buen, y oportuno, momento para invertir en arte…

 

 

 

Por Marcos Federico Moreno